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La Biblia, ese regalo de Dios - 2
Escrito por Juan Carlos Cevallos
 

La palabra de Dios en palabras humanas

La historia de la Biblia no comenzó con la Biblia. Hubo muchos años de prehistoria del texto bíblico. Como ya se dijo, la Biblia comenzó en la mente de Dios. Cuando él se reveló por medio de la historia, se creó la necesidad de preservar los hechos que puedan servir, más tarde, como parte de historia de la salvación. Para ello, entonces, Dios estuvo en el hecho histórico (la creación, el llamamiento a Abraham) y siempre controlando la historia. Luego estuvo “vigilando” la preservación de la memoria del hecho. Por miles de años se pasó cada hecho liberador de Dios de generación a generación en forma oral. Finalmente, cuando la genialidad del hombre inventó las diferentes escrituras para comunicar sus ideas, Dios tuvo el “problema” de escoger las palabras adecuadas para que el hombre pueda entender lo que él quería que conozca. De hecho, el “problema” de Dios era poder presentar y resumir lo que él deseaba que se conozca en un idioma humano, limitado en sí mismo.

Juan Calvino, el gran reformador, hablaba en varias oportunidades de la condescendencia de Dios, que hace que él se incline, que se llegue a nosotros y hable de tal manera que podamos oírle y comprenderlo. “Así como el Hijo de Dios se anonadó a sí mismo y se humilló a nuestra condición, así también la revelación se llega a nosotros en una forma humilde, rebajada, para que podamos recibirla en nuestras mentes” (Ramm).Entonces Dios decide hacerlo por medio de la “inspiración”.

Esta unión única de la Biblia se conoce como inspiración de la Palabra. Dos textos bíblicos nos ayudarán para entender este proceso, y sus implicaciones.

2 Timoteo 3:16. La mayoría de versiones usan la frase “inspirada por Dios” en este texto (La Biblia para todos usa el concepto “mensaje de Dios”, que es bastante equívoco). La palabra que usó Pablo para darnos esta enseñanza es el término griego zeupnestos. Palabra que significa literalmente “soplo de Dios”, o que es producto del mismo Dios. La Biblia sale de lo profundo de su ser, de su corazón de Padre para que el hombre conozca su revelación (apocalipsis); la inspiración es el acto de autorrevelación de lo profundo de Dios. Por ser así, entonces, las Escritura, la Biblia, la Palabra de Dios es perfecta en sí misma, y por tanto autoritativa. Pero no como una doctrina fría para defenderla y excluir a quienes no creen como yo, sino como un instrumento de Dios que lleva su utilidad intrínseca, como dice la Biblia para todos en forma muy acertada: “es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. De ese modo, los servidores de Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien”. La Biblia es inspirada por Dios para que la usemos y sepamos vivir haciendo el bien.

2 Pedro 1:21. Este texto de Pedro nos ilumina para poder comprender otra faceta de la inspiración de la Biblia y sus implicaciones. Nuevamente, las varias traducciones nos ayudan a comprender. Nos damos cuenta que RVR-1960 y otras usan la palabra “inspirada”, pero la NVI usa “impulsados”, DHH “dirigidos” y la BPT “guiados”. La palabra usada por Pedro originalmente es feromenoi, que significa, literalmente “conducir a alguien”. Lo que significa, entonces, que fue tarea del Espíritu Santo conducir y guiar a diferentes personas para que ellos escriban la Biblia. La Biblia, entonces, nos habla de los problemas de los seres humanos, en lenguaje de seres humanos, con formas literarias humanas, para resolver problemas humanos desde la perspectiva de Dios, que se humanó en Cristo. Esto significa que el resultado es una serie de escritos en los que los hombres pusieron todo de sí: su capacidad, su cultura con sus valores y sus experiencias; todo esto, insistimos, bajo la dirección del Espíritu Santo.

Tres cosas podemos concluir: La Biblia es el producto de la mente de Dios, de Dios que se quiere comunicar y desea que el hombre le conozca. Por ser producto del mismo Dios es una palabra eterna, normativa y autoritativa. Por ser escrita por seres humanos guiados por Dios al producirla, es una Palabra con relevancia histórica, pertinente para cada uno, y nos habla en nuestro quehacer diario. “La Biblia es la Palabra de Dios dada en palabras de humanos dentro de la historia” (el erudito G.E. Ladd).

 
 
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